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sábado, 3 de septiembre de 2016

Un manto de silencio

Restos de la posible sinagoga de Ponferrada, derribada en los ochenta

Cuando sobre algo se extiende un manto de silencio, la sensación de inquietud pica como un grano de desasosiego en el alma. Es una picazón que pide a gritos algo de luz que despeje las incógnitas del qué y del por qué. Sobre el pasado judío de la Comarca Circular ha caído este manto de silencio.
En una tierra con un más que solvente plantel de historiadores, apenas encontramos unos pocos párrafos dispersos sobre el asunto. En una comarca tan atenta a la exaltación festiva inspirada en su pasado (auténtico o apócrifo), ni un solo hueco queda entre romanos, templarios, reyes remotos o monjes amanuenses para un guiño a lo judío. En ciudades y pueblos con restos toponímicos evidentes, con apellidos delatores, con elementos etnográficos y patrimoniales con una más que sospechosa raíz hebraica, sólo aire y silencio.
Ni una palabra sobre la raza maldita que convivió con nosotros, que “fue nosotros” hasta la desdichada decisión de la expulsión, hace poco más de quinientos años. Y, desde entonces, silencio… Tan atronador que no puede ser casual.
Es esa omisión un fenómeno que se extiende más allá de las fronteras locales y que empapa toda nuestra geografía. En la patria de Don Álvaro Cunqueiro, años atrás, una airada tabernera despachó displicente mi curiosidad sobre la ubicación del barrio judío de Mondoñedo, señalado claramente en el callejero de la villa:
- Ese barrio es un invento del concejal de turismo. Aquí judíos nunca hubo; no señor.
Una vecina de las de toda la vida en Ciudad del Puente resolvió de modo similar una conversación sobre la sinagoga de Ponferrada, cuyos restos se derribaron impunemente a principios de los ochenta sin la más mínima queja vecinal para construir un edificio en cuyos bajos se instaló la sede de la Hacienda Pública (no se corten: la casualidad da juego para bonitos chistes antisemitas):
- Aquí sinagoga nunca existió. Eso fue un invento de Ignacio Fidalgo...
Detalles como que la zona en la que se levantaba el recinto se siga llamando hoy Barrio de los Judíos no le hizo cambiar de opinión. El silencio había triunfado.
Empeñado en poner en el mapa lugares también condenados al silencio, estos días, el Festival Villar de los Mundos, intenta apartar ese manto abordando el notable pasado semita de nuestra tierra.
Un pequeño gran paso para despejar las incógnitas del qué. Las del por qué son bastante más complejas.
COMO LAS VACAS AL TREN (El Día de León; 28, agosto, 2016)

miércoles, 22 de junio de 2016

El efecto mariposa

Si recurrimos a Wikipedia, la definición es más abstracta: "dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema dinámico caótico, cualquier pequeña discrepancia entre dos situaciones con una variación pequeña en los datos iniciales, acabará dando lugar a situaciones donde ambos sistemas evolucionan de forma completamente diferente". 
Dicho en simple, recurriendo a la poética del proverbio chino, el aleteo de las alas de una mariposa puede llegar a sentirse al otro lado del mundo. Es decir, el rumor de que un fabricante de coches eléctricos del lejano Silicon Valley californiano planea instalar una factoría en Europa, puede causar tornados en territorios tan remotos como nuestra Comarca Ensimismada, tan ansiosa de esperanza y tan dispuesta a cabalgar sobre el primer espejismo milagroso que se presente en el incierto horizonte. 
De nada sirve que la compañía americana haya comunicado oficialmente que no estudia montar ninguna fábrica en el Viejo Continente. La maquinaria de reclamaciones a lo Mister Marshall ya se ha puesto en marcha y nadie recuerda el consejo orteguiano de que los esfuerzos baldíos conducen a la melancolía. 
Históricamente, ha sido propensa la Comarca Ensimismada a la ciclotimia económica desplazada en la montaña rusa que va del entusiasmo febril a la agria pesadumbre. A principios del siglo pasado, Lazúrtegui diseñó un futuro siderúrgico para Ciudad del Puente cuyo único rastro fue una costra urbanística que tardó ochenta años en curar y que aún enseña hoy sus pústulas tras la implosión de la burbuja inmobiliaria. 
En la posguerra, el alza artificial de precios de una piedra oscura llamada wolfran, provocado por intereses bélicos ajenos, convirtió el Bierzo en un breve Far West que dejó un rastro legendario, alguna novela notable y un puñado de dinero tan fácil como efímero. 
Hace más de medio siglo, la aparición de otro Mister Marshall en forma de fabricante francés de automóviles hizo correr ríos de tinta, declaraciones altisonantes y dejó apenas un difuso recuerdo casi en forma de estrambote: "miró al soslayo, fuese y no hubo nada". 
En los setenta, los titulares de la prensa local daban vueltas al torno de la planta de pelletización que hubiera sostenido las explotaciones de hierro del Coto Wagner y Vivaldi. Titulares es lo único que queda de todo aquello. 
Y ahora, nos queda esperar al hipotético aleteo de una mariposa californiana. 

COMO LAS VACAS AL TREN; El Día de León (19, junio, 2016)